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viernes, 1 de julio de 2016

Mental Maze - Capítulo 2


Sarah bajó las escaleras apresurándose al saltar de dos en dos los peldaños, tocaban el timbre.


"¡Ya voy!" Gimió Sarah, deseando llegar a tiempo, o haber tenido algo del mismo para limpiar sus lágrimas, calmar su fastidio y fingir que no había pasado nada con Toby. Afuera, la tormenta rabiaba. Las nubes burbujeaban y la lluvia azotaba las hojas de los árboles. Sarah no le había dicho a nadie de que Jareth y ella salían, porque vamos, él era el típico chico malo que se metía en problemas y la metía en problemas. Iba después de todo a la misma terapeuta que ella, lo que lo tachaba de la lista de su madrastra. En definitiva no les gustaría ni a sus padres, ni a su madrastra. No es que a Sarah le importara mucho lo que ellos opinaran. Pero de saberlo no la dejarían volver a verlo. Ni mucho menos la dejarían a solas con Toby. Porque aunque a Sarah no le gustara cuidar de Toby, hasta ella tenía que admitir que las cosas podían ponerse realmente interesantes cuando los tres estaban en una misma habitación.

Sarah le había conocido porque era su vecino tanto en la ciudad como junto a la casa de sus padres. En un principio le había gustado bastante, y habían intercambiado hasta números telefónicos, WhatsApp y todo lo que las redes sociales les permitían hacer, entonces se había dado cuenta de que era vecino suyo en dos lados, y eso había sido raro. Demasiado raro. Se había alejado de él un par de semanas debido a ello. No fue hasta que su madrastra sugirió a su padre que para que Sarah se independizara tenía que tomar citas con un terapeuta que se encontró con Jareth, quien iba al mismo terapeuta que ella. La psicóloga en cuestión había sido mujer, sí. Se llamaba Gemma. Y estaba casada con un tipo guapísimo y súper sexy llamado Blake. Vivía una vida de rica que Sarah en cuestión envidiaba. Abriendo la puerta Sarah se encontró cara a cara con Jareth, no estaba ni ligeramente empapado por la lluvia, y seguía tan perfecto como siempre lo había estado, con su chaqueta de cuero negra en jeans y camiseta negra como cualquier chico malo. Aquellos ojos azules raros e hipnóticos, enmarcados por pestañas y cejas rubias perfectamente definidas la miraron de reojo, y con su cabello desaliñado volteó a ver a Sarah. Los relámpagos que trazaban venas en el cielo iluminaron su rostro durante una fracción de segundo. No estaba sonriendo, ni su expresión era la de alguien molesto como podría estarlo alguien que ha tenido que esperar lo suficiente bajo la tormenta. Sus ojos estaban fijos en los de Sarah con una intensidad que ella encontraba intimidante. Dio un paso hacia ella, a la luz que brillaba desde la puerta, Sarah no retrocedió. Si sus ojos no tuvieran la costumbre de hipnotizarla la cadena dorada que colgaba de su cuello lo hubiera hecho. Calzaba botas de motociclista y en sus manos, guantes negros. En una de ellas llevaba un curioso anillo con forma de cola de pez, esto si bien no se veía, Sarah sabía de aquel detalle por una conversación que habían tenido, meses atrás. El corazón de la chica comenzó a latir con fuerza y se hizo a un lado para dejarle pasar sin mediar ni una sola palabra.

"Has tardado." Dijo Sarah sin poder evitar que su voz estuviera cargada con un tono de reproche. Jareth sonrió de esa forma característica suya que hacía que su corazón se agitara sin saber nunca si era debido a la crueldad que había en ella o la seducción velada que siempre estaba presente en su rostro para con ella.

"¿No lo sabes? Esta hecho." La voz del hombre era tranquila, casi amable. Sarah lo miro perpleja sin entender.

"Yo..." respondió Sarah. "Yo..."

Jareth sonrió ante su vacilación. Era indudablemente guapo, pero algo en su mirada ahora era diferente, como si supiera algo que ella no, y con sorpresa Sarah descubrió que no le gustaba eso. Un mal presentimiento comenzó a asentarse en su estómago. No había esperado eso. Cuando habló, su voz fue un susurro.

"No entiendo. Espera aquí, Toby esta... ha estado llorando todo el rato." Sarah intento reponerse de aquella sensación sin éxito mientras cerraba la puerta tras el chico y subía las escaleras de a dos.

Una vez en el rellano la sensación antinatural volvió a ella, esta vez con más fuerza y no pudo ignorarlo. Aguzó su oído para escuchar algo. Pero todo lo que escuchaba era el silencio antinatural de la habitación. Toby había dejado de llorar, tan repentinamente que la asustó. Abrió con cuidado la puerta y miro dentro de la habitación del niño. La luz de la mesilla estaba apagada.

"¿Toby?" Llamó. Él no respondió. Accionó el interruptor de la luz junto a la puerta. No ocurrió nada. Lo apretó varias veces sin ningún efecto. Una tabla crujió y un escalofrío la recorrió.

"¿Toby? ¿Estás bien? ¿Por qué no lloras?" Entró nerviosamente en la habitación silenciosa. La luz del rellano, que llegaba a través de la puerta, lanzaba formas extrañas contra las paredes y la alfombra. En un momento de calma entre dos truenos, creyó haber oído un zumbido en el aire. No podía detectar ningún movimiento en la cuna. Por alguna razón tener a Jareth abajo no parecía aportarle demasiada tranquilidad.

"Toby." Susurró con ansiedad, y se acercó a la cuna conteniendo el aliento. Sus manos estaban temblando como hojas de álamo. Extendió la mano para tirar hacia atrás de la sábana. Retrocedió sobresaltada. La sábana se convulsionaba. Formas raras empujaban y se revolvían bajo ella. Creyó vislumbrar cosas asomando por el borde de la sábana, cosas que no eran ninguna parte de Toby.

Sintió el corazón palpitar, y se cubrió la boca con una mano, para evitar gritar. Entonces la sábana se quedó inmóvil otra vez. Nada se movía. No podía darse la vuelta y huir dejándole ahí. Tenía que saber. Fuera cual fuera el horror que encontrara, tenía que saber. Impulsivamente, extendió la mano y tiró de la sábana.

La cuna estaba vacía. En su lugar uno de los muñecos móviles de Toby ocupaba el lugar. Durante un momento o una hora, nunca supo cuando tiempo pasó, se quedó mirando la cuna vacía. Ni siquiera estaba asustada. Su mente se había quedado en blanco.

Y entonces se asustó por un golpeteo suave y rápido en la puerta, justo detrás de ella. Sus manos se cerraron con fuerza, las uñas se le clavaron en la piel.

Jareth había subido. Su pelo lucía blanco contra la luz del rellano que jugaba de forma macabra con las sombras en su rostro. Y sus ojos justo en aquel momento, ocultos bajo la oscuridad, luciendo como dos botones de muñeca aterradores, redondos y profundos la observaban. Una serie de relámpagos que parecían continuos iluminaban la habitación haciendo la escena similar a una película de terror.

Tras ella, uno de los hombres alzó brevemente la cabeza para visualizar la escena, y la agachó de nuevo justo para después descolgarse del balcón. Otro hizo lo mismo. Ella no les vio. Sus ojos estaban fijos en los de Jareth. Por alguna razón su voz no salía, y su mente comenzó a pensar con rapidez. Tenían que avisar a la policía. Y sus padres la matarían. Solo si se enteraban, claro. Tenía que recuperar a Toby. El relámpago crujió y brilló intermitentemente de nuevo, y esta vez distrajo su atención de la ventana iluminando el reloj que había sobre la repisa de la chimenea.

Vio que sus manecillas apuntaban a las doce en punto.

Entonces Jareth alzó su brazo izquierdo e hizo un largo gesto con su mano. Sarah miró alrededor, pensando que él estaba llamando desde su celular por ayuda. Cuando volvió a mirarle de frente, un brillante cristal había aparecido en su mano.

"Te he traído un regalo, Sarah." Dijo, ofreciéndoselo. Ella hizo una pausa. No podía confiar en él.

"¿Qué es?" Miró distraídamente al reloj y solo entonces sintió la presencia de dos hombres salir detrás de las cortinas. Quiso gritar, pero no pudo. Uno de ellos golpeó la parte de atrás de sus piernas, tumbándola sobre el suelo antes de que ella pudiera si quiera coger la escoba que había en la habitación para defenderse. Mucho antes de que ella notara que existía una escoba con la que podía hacerlo. Entonces por primera vez en su vida Sarah sintió lo que era el terror real. No era nada de aquellas tonterías que toda su vida había deseado sobre aventura y sobre algo grandioso que le pasara a ella. Tendría suerte si salía ilesa. Miró a Jareth con confusión y luego intentó enfocar su mirada en sus atacantes. Los labios de Sarah se abrieron, pero no emitió ningún sonido.

Tras ella, Jareth rió disimuladamente. Aún en el suelo se giró y vio cómo Jareth recogía algunas pertenencias de Toby con total calma y las ponía sobre un saco. Las sombras corrían por las paredes. Los dos hombres a su lado la sujetaron con fuerza. Con la boca abierta, las manos cerradas en puños, vio a los hombres sonreírse entre sí.

"Jareth..." Intentó la chica buscando un modo de hacer que la soltaran, tal vez entonces podría coger la escoba. "¿Cuál era el regalo que me dijiste que habías traído?"

Vale, debía haber preguntado muchas otras cosas, cosas como por qué hacían eso, el que estaba haciendo, el que harían con ella, las razones que Jareth tenía para hacerle eso. Y más. Quería hacerlo, pero estaba sola, desarmada y no era tan estúpida como para creer que podía soltarse del agarre de aquellos dos gigantes que la tenían sujeta. Tampoco serviría pedirle explicaciones a Jareth, conociéndolo, se reiría en su cara y le soltaría algo imposible de descifrar.

El viento tormentoso elevó su tono. El relámpago iluminó la habitación como si fuera de día, y las caras aterradoras de repente se desvanecieron dentro de los armarios, cajones o bajo las grietas del suelo. Cuando el trueno resonó y el viento sacudió las cortinas, una ráfaga de aire abrió la ventana. Sarah se cubrió la cara con las manos, y gritó, y volvió a gritar. Jareth se acercó a ella divertido. De pronto estaba petrificada ante la idea de que él la tocara. Pensó que se moriría si lo hacía.

Sintió el viento soplar alrededor de su cabello, pero Jareth se había retirado. Espió entre los dedos, para ver donde estaba el hombre. El prolongado chisporroteo de un relámpago lanzó una sombra gigante sobre la pared que daba a la ventana. Era la sombra de una figura humana. Otro hombre. Sarah palideció y como pudo mientras estaba sujeta a las manos de aquellos tipos se dio la vuelta. La silueta recortada contra el cielo tormentoso era la de un hombre. No vio más allá de eso.

"Sobre tu pregunta, Sarah." La voz de Jareth salió desde una esquina oscura mientras le pasaba el saco al cuarto hombre. "Es un cristal, nada más. Me lo obsequió una señora que se hacía llamar bruja en New Orleans. Según ella si miras en su interior... te mostrará tus sueños. Supuse que te gustaría."

Los labios de Sarah se entreabrieron involuntariamente. Con una sonrisa burlona, Jareth observó su cara, mientras giraba el reluciente cristal entre sus dedos. La mano de ella comenzó a extenderse hacia él. Jareth sonrió un poco más, y retiró el cristal.

"Pero este no es un regalo para una chica ordinaria, que se preocupa por un bebé gritón." Su voz era más callada ahora, y más ronca. "¿Lo quieres, Sarah? Entonces olvida al niño." dijo Jareth firmemente. Lo extendió hacia ella de nuevo. Esta vez las manos de Sarah permanecieron a sus costados, y no respondió. Sus ojos estaban fijos en la danza, en los destellos del cristal. Entonces Sarah comprendió lo que Jareth estaba haciendo y sonrió.

"Lindo Jareth, casi caigo." Dijo con renovada confianza mientras se quitaba las manos de los gandules que la tenían sujeta. Era tan solo otro de sus juegos, después de todo. Uno que involucraba su libro favorito, y si no se equivocaba debía haber escondido a su hermano en alguna parte y quería que lo encontrara. Vale, podía jugar aquello. Jareth parpadeó sorprendido por unos instantes y luego se recobró con una burlona sonrisa. El regalo era realmente seductor, y también lo era la idea de que alguien la entendiera. Alguien como él, que se preocupara por los lugares secretos de su imaginación y supiera lo infinitamente preciados que eran para ella, más que cualquier otra cosa. A cambio, tendría que renunciar a su responsabilidad para con un niño afrentosamente malcriado, que hacía interminables demandas y nunca mostraba el más mínimo signo de gratitud; que era, después de todo, solo su medio hermano. El cristal giraba, reluciendo.

"Déjenla." Dijo Jareth sacudiendo su cabeza con fastidio. "Se dará cuenta tarde o temprano."

Sarah parpadeó perpleja, lo último que esperaba era esto.

"¿Jareth?" Preguntó odiando lo ansiosa que sonaba su voz. Él se volvió y la encaró:

"Te he salvado. He hecho lo que deseabas. Lo que me pedías, te he liberado de las ataduras que te afligían y asustaban. Ahora eres libre, Sarah. Puedes coger mi regalo, empacar y venir conmigo. Nadie jamás nos seguirá. Ni sabrá que habrá ocurrido con nosotros, nunca."

"¿Lo que te pedía?" Sarah tembló. "¿Qué has hecho Jareth?"

Jareth sonrió de un modo inocente, tanto como un bebé. No le quedaba esa sonrisa y Sarah parpadeó, esta vez dándose cuenta de que aquello ya no era un juego.

"Jareth..." pronunció con cuidado. "¿Qué has hecho?"

"Todo lo que deseabas. Jamás tener que preocuparte por tu hermano, por volver a casa con tu horrible madrastra, ni sonreír con tu padre cuando estás tan molesta por que se separó de tu madre. O lo molesta que estás con tu madre por dejarte con tu padre en vez de que te llevara con ella y su novio para disfrutar de las ventajas de su mundo. Te he hecho libre. Todos ellos están ocupados esta noche, nadie notará que nos vamos. Podemos ir a Australia, empezarás con tu carrera allí. O quizás a Inglaterra. Los mejores actores salieron de buenos lugares como sus teatros. Tal vez a Los Ángeles, o a la ciudad. La ciudad es preferible a los suburbios para los que quieren tener una carrera en Brodway. Aunque sugiero que sea lo más lejos posible de momento." Jareth cruzó las manos sobre el extremo la cuna con delicadeza. "Eres libre. Tu hermano jamás volverá a ser una molestia para ti."

Sarah tembló. Tenía que ser un juego. ¿Era un juego verdad?

"No quiero ser libre." Respondió. Luego se corrigió. "Quiero decir, si, pero... Quiero recuperar a mi hermanito. Por favor." Le dirigió una pequeña sonrisa. "Si no te importa."

Jareth se encogió de hombros. "Lo dicho, dicho está."

"Pero no lo dije en serio." Replicó Sarah rápidamente.

"¿Ah, no?" Una de sus cejas se elevó con elegancia.

"Oh, por favor. ¿Dónde está?" Jareth rió ahogadamente.

"Sabes muy bien donde está. Lo planeamos hace meses, Sarah." Sarah parpadeó, pero no conseguía recordar aquello que Jareth parecía querer que recordara. Su mente se había trabado de algún modo extraño.

"Por favor, tráelo de vuelta, por favor." Se oyó a sí misma hablar con una vocecilla. "¡Por favor!"

"Sarah..." Jareth frunció el ceño, y sacudió la cabeza. Su expresión era toda preocupación por ella. "Ven conmigo. Acepta mi regalo, Sarah. Trae tus libros. Viaja conmigo. Sé libre. Esa es tu auténtica vida. Olvídate del niño."

Mientras Sarah dudaba, otro trueno y relámpago iluminaron el cielo tras Jareth. El corazón se le rompía, pero sacudió su cabeza.

"No. No puedo." Dijo ella y durante un momento, se evaluaron el uno al otro, adversarios intentando medirse al comienzo de una larga empresa. El trueno retumbó. Sarah consiguió cerrar los ojos. Desde detrás de los párpados cerrados, oyó una voz respondiendo. Era su propia voz, pero parecía ser un recuerdo. "Yo... no puedo. No es que no aprecie lo que estás intentando hacer por mí.... pero quiero de vuelta a mi hermanito. Debe estar muy asustado..."

Abrió los ojos.

Jareth resopló, echándose hacia atrás un mechón de aquella melena rubia. Había perdido la paciencia. Con un ademán de su mano, colocó el cristal sobre una de las mesitas de la habitación. Con otro ademán, extrajo una pistola y la sostuvo con un brazo estirado ante él, de forma que quedara junto a la cara de Sarah.

"No me desafíes." la advirtió, la voz de Jareth sonaba impaciente. Sarah chilló, y se alejó de un salto. "No eres rival para mí, Sarah. Olvida al niño. Coge mi regalo. No te lo ofreceré de nuevo."

Los hombres se recorrieron hacia la salida y Sarah los siguió sin pensar. Una vez en la sala uno de ellos, el que tenía el saco con las cosas de Toby, salió llevándose consigo uno de los paraguas que estaban junto a la puerta. Jareth se volvió hacia ella esperando por su respuesta.

"No." Hizo una pausa. "Gracias de todos modos, pero no puedo hacer lo que deseas. ¿No lo ves? Debo recuperar a mi hermano."

"Nunca le encontrarás." Sonrió él divertido.

"Ah" dijo Sarah, y tomó un profundo aliento. "Entonces... hay un lugar en el que buscar."

Durante un momento, la cara de Jareth se sobresaltó. Sarah lo vio, el más ligero rastro de un temor fugaz atravesó sus ojos. ¿Era posible? Las fosas nasales se apretaron, se aferró a su pistola, y pareció dudar ligeramente antes de responderle. No podía creérselo del todo, pero sospechaba que tenía miedo de ella, aunque solo fuera momentáneamente, era alentador.

"Sí." dijo él finalmente. "Hay un lugar."

Y ahora, con un gesto realmente afectado sacado de un vodevil, giró la mano y sacó unos papeles, tendiéndoselos. Aquello parecía propaganda barata de un club nocturno y a juzgar por la dirección no parecía ser un lugar muy seguro. Pensó ella. Pasó junto a él mientras miraba el papel con preocupación. Detrás de su hombro, Jareth murmuró.

"¿Todavía quieres ir a buscarlo?"

"Sí." Tragó saliva. "¿Lo has llevado aquí?"

Jareth no respondió esta vez, y Sarah se dio la vuelta. Todavía estaba allí, observándola intensamente, pero en algún momento habían llegado al porche, los hombres de él habían desaparecido entre la lluvia minutos atrás. Sarah no podía recordar cuando pero tampoco era que importara. Estaban cara a cara sobre las tablas de madera entre el viento y la lluvia. Entre ellos y la entrada del jardín había una amplia distancia ocupada por los muebles del jardín donde ella solía leer libros junto a un buen vaso de limonada en los días calurosos antes de conocer a Jareth. El mismo lugar donde tantas veces habían platicado y reído con las ideas de ambos, donde habían compartido tantos secretos. Donde se había enamorado de él y él la había besado por primera vez. Entre ambos y más allá solo había oscuridad. Se giró de nuevo. El viento le sopló el cabello sobre la cara. Echándoselo hacia atrás, dio un tímido paso hacia el jardín.

La voz de Jareth llegó desde su espalda.

"Olvídate de él, Sarah. Ven conmigo, antes de que sea demasiado tarde."

"No puedo. Oh, no puedo. ¿No lo entiendes?" Sacudió la cabeza lentamente, mirando hacia el lejano castillo, y para sí misma, quedamente, repitió. "No puedo."

"Qué pena." La voz de Jareth era baja, y gentil, como si realmente lo dijera en serio. Sarah miraba el papel con impotencia mientras las lágrimas comenzaban a aparecer en sus ojos. Con una mano discretamente las limpió. Parecía estar lejos, pero no a una distancia imposible de recorrer. Dependiendo de por dónde fuera podía llegar fácilmente.

"No parece estar tan lejos." dijo, y oyó en su propia voz el esfuerzo que estaba haciendo para sonar valiente. Jareth estaba junto a su codo ahora. La miraba, con una sonrisa helada.

"Está más lejos de lo que piensas." Y como si no fuera suficiente añadió. "Y el tiempo es corto."

Sarah vio que Jareth se había traído consigo el reloj antiguo de madera que había en la repisa de la chimenea. Marcaba las doce, como había hecho el reloj del cuarto de Toby.

"Tienes veinticuatro horas para resolver el problema " le dijo Jareth, "antes de que tu hermano sea adoptado por una pareja que se lo llevará al otro lado del mundo y desaparezca para siempre. Si eso ocurre, Sarah, te llevaré conmigo quieras o no. Y no podrás volver a ver a tu familia nunca más."

"¿Por qué?" Murmuró sin comprender.

"Eres cómplice de esto Sarah, aunque no quieras. Tú eres la mente maestra como dirían los policías. Y existe un montón de evidencia en tu contra. Me he asegurado de ello. Pero no te preocupes, no te dejaré aquí para afrontar los cargos."

"Jareth..."

"Piénsalo Sarah... ¿No es lo que querías? Tu libertad. Tus sueños." Musitó Jareth. "No te equivoques, puedo ser cruel. Pero no pienso contribuir a encerrarte en tu jaula de oro con ese niño malcriado. Si ganas seguirás encarcelada, y yo me iré de tu vida. Para siempre."

"¿Nosotros planeamos esto?" Preguntó Sarah aún más perpleja si eso era posible. Jareth asintió y se aproximó a ella y sujetándola con fuerza mordió su oreja con violencia, bajando hacia su cuello y dejando en este una pequeña mordida.

"Si pierdes, serás mía." Jareth gruñó.

Sarah estaba de pie todavía, con el cabello azotado por el viento, mirando hacia el jardín. Después de un rato, dijo:

"Dime por dónde empezar."

Esperó una respuesta, y finalmente le oyó decir:

"Una pena."

"¿Qué?" Se dio la vuelta para mirarle, pero él ya no estaba allí. Se había ido y la había dejado sola en medio de la noche, entre sus pensamientos, debates y deseos, sobre el ventoso porche.

Miró otra vez el papel. La tormenta estaba pasando. Las sombras de las nubes atravesaban la luna. Creyó vislumbrar la figura de un búho, bien alto, con las alas extendidas en el aire, mientras volaba firmemente alejándose de ella.

viernes, 24 de junio de 2016

Mental Maze - Capítulo 1



Nadie vio al hombre. Escondido entre los árboles, espiando a la chica cuyo único afán era repetir en voz alta los versos de un pequeño libro rojo titulado Laberinto. En realidad el hombre no tenía por qué ocultarse, la chica lo hubiera recibido muy feliz de contar con su presencia. Pues era una de las pocas personas en quién podía confiar y con quien podía hablar. Jareth era el chico nuevo en una comunidad donde nunca pasaba nada interesante. Sarah había quedado prendada de él en cuanto lo vio. Era demasiado sofisticado, tenía buen gusto y solo era unos años mayor que ella. Así que cuando él se percató de su existencia ella no lo cuestionó dos veces e hizo lo propio. Ojalá lo hubiera hecho. Pero si lo hubiera hecho, no habría historia. En cualquier caso, la chica, que respondía al nombre de Sarah, no se percató de su existencia en el parque. Si lo hizo Merlín, a quién no le gustaba demasiado aquél extraño, pues sospechaba en el fondo que traería problemas a su dueña. Sin embargo un ladrido no la alertó del problema. Y un segundo ladrido solo la hizo ponerse a correr, Merlín estaba casi seguro que esta vez le había hecho caso. Sin embargo para Sarah lo importante y lo injusto de aquella situación era que sabía, sería regañada por llegar tarde. Como si aquello no fuera poco estaba empapada hasta a los huesos.

Su madrastra estaba furiosa. Ella también, y la odiaba. La odiaba por muchas razones. Pero por sobre todas las cosas Sarah extrañaba a su mamá. Al menos con ella las cosas se gritaban, horribles verdades y luego acababan hablando tranquilamente o doblándose de risa en el suelo.

"No sabes cuales son mis planes, nunca me los preguntas." Dijo y luego pensó: y aunque los tuviera no te los diría. Sarah sonrió, porque en efecto, no le iba a decir que un chico guapo y encantador como Jareth iba a quedarse en su casa aquel fin de semana. Cada vez que Jareth estaba con ella y su hermano ocurrían cosas raras, cosas que solo les ocurrían porque Jareth pensaba en ello.

"Estábamos preocupados por ti." Añadió su papá.

"No hago nada bien. ¿Crees que puedo?" Gruñó Sarah al pasar por su lado.

"Sarah, ¿Podemos hablar?" Preguntó su padre poco después de que ella hubiera subido a su habitación, que a pesar de todo se mantenía intacta, Sarah hubiera jurado que su madrastra la hubiera desalojado en el momento en que pisó la universidad, pero no había sido así, sospechosamente, no había sido así. Enojada porque probablemente aquella señora lo había mandado a ver que le pasaba y no porque su padre realmente estuviera preocupado por ella, bufó:


"¡No hay nada de qué hablar! Dense prisa, llegarán tarde." Se apresuró a decir Sarah molesta. Menos mal que a ella se le había ocurrido decirle a Jareth que llegara como a las ocho. Una o dos horas después de que su padre y aquella señora se fueran.

"Escucha, acabamos de dar de dar comer a Toby y lo acostamos. Tenemos que irnos pero regresamos el domingo en la mañana. A eso de las doce..." Su voz se oía insegura. Sarah se removió nerviosa. No era esa la primera vez que se quedaba a cargo de Toby, algo que le parecía tremendamente injusto, porque para empezar no era su hijo, ni era su hermano. Era su medio hermano, claro que cuando era más joven y lo preguntó nadie supo explicarle de quien era la otra mitad. Pero en sus palabras, o al menos en sus pensamientos, aquella otra mitad no tenía nada que ver con ella. De todos modos se había guardado sus comentarios, incluidos aquellos que tenía cuando Jareth le preguntaba – casi con burla – sobre su hermano. En cualquier caso, esa sería la primera vez que estaría con Toby tanto tiempo. En parte porque había crecido, como cualquier chica, había comenzado a ir a la universidad y, por tanto se había mudado a un piso con su amiga Alice al centro de la ciudad, por lo que había dejado de cuidar a Toby tan a menudo como lo hacía antes, aquello suponía un alivio, por supuesto, pero había seguido visitando los alrededores, no tanto por su familia sino como lo hacía por Jareth – quien le llevaba al menos unos seis años –. De cualquier modo hacía dos semanas que le habían hablado para que fuera a ocuparse de Toby. Y ella había aceptado, no tan gustosa, porque no serían las doce de la noche como cualquier otro día. Ni siquiera como aquella vez que casi habían atrapado a Jareth mientras bajaba por su ventana. No. Esta vez, su padre y ella habían quedado tan satisfechos con ella que habían decidido ponerse de acuerdo y confiarle a Toby toda la noche del viernes, el sábado. Y parte del domingo, que sería cuando regresarían. La despensa estaba surtida, por supuesto. Su habitación se había mantenido tal cual a petición de ella, y de su padre. Y por supuesto, su madre también había salido en su defensa cuando Sarah había decidido irse a vivir con Alice. En cualquier caso, como siempre, Lancelot había sido tomado sin su permiso. Miró el reloj fastidiada. De todos modos ya iba a ser hora de despertar a Toby. Y es que si Toby se limitara a dormir, sería un ángel, pero entonces – y aunque se le haría soportable la compañía de Toby –Jareth no estaría haciendo cosas magníficas. Igual, nunca había sido malo cuidando de Toby, solo se le daba mejor a él que a ella.

"Que alguien me ayude y me saque de este horrible lugar." Gritó Sarah cuando Toby se había negado a dejar de llorar durante quince minutos. Jareth estaba retrasado. Lo cual no era una buena señal. Él siempre llegaba puntual.

Vale, quizás ella no fuera como Jareth pero ella también sabía contar muy buenas historias e inventarse excelentes escenarios. Después de todo entre los dos compartían ciertas pasiones que los habían unido pese a su diferencia de edades. Los libros eran la primera, desde leer y escribir, pasando por narrarlas – Sarah estaba segura que no había oído voz más seductora que la de Jareth en toda su vida, pero no era algo que ella le hubiera dicho nunca. –, montarse escenas que adoraban representar, lo que los llevaba a la tercera afinidad que tenían en común. El teatro. Y con ello también la música.

"¿Quieres oír un cuento?" Pregunto Sarah, el niño balbuceó, Toby había crecido bastante y aun así, no lo suficiente para gusto de Sarah, el cual continuaba con sus pataletas pese a tener tres, casi cuatro años. Su llanto cesó un momento mientras abría sus hermosos ojos azules prestando atención a las palabras de su hermana, quien recitó la única obra que pudo ocurrírsele en aquel momento. Y de la única que parecía acordarse cada vez que veía a Toby:

"Érase una vez una chica joven y hermosa cuya madrastra la obligaba siempre a quedarse en casa cuidando al bebé. El bebé era un niño consentido y lo quería tener todo. Y la joven era prácticamente una esclava. Pero lo que nadie sabía era que el rey de los goblins se había enamorado de ella y le había otorgado ciertos poderes." Vale, lo había sacado de su libro. Casi todo. Solo una parte. Bueno, todo. O nada. Le daba igual, Toby había dejado de llorar un momento y eso era lo importante. Su llanto la exasperaba.

¿Qué estaría retrasando tanto a Jareth? Toby volvió a gimotear y ella parpadeó intentando concentrarse en la historia que tenía delante. "así que una noche cuando el bebé había sido especialmente cruel con ella. Acudió a los goblins para pedir ayuda."

Llegados a este punto Sarah y Toby estaban completamente envueltos en la historia. Que no notaron las sombras que los envolvían a su alrededor. Afuera, la tormenta descargaba relámpagos y truenos provocando que las ventanas tuvieran un halo plateado, sacudiendo las ventanas con estrépito.

"Escuchen." Dijo un joven que no parecía tener más de veinticinco años. A su lado había seis hombres más de edades similares y complexiones distintas. Ocultos tras las cortinas y sombras de aquella habitación. Ni Sarah ni Toby se percataron de su presencia.

"Una noche" Continuó Sarah, "cuando el bebé había sido particularmente malvado, la chica llamó a los goblins para que la ayudaran. Y ellos le dijeron: Di las palabras mágicas, y nos llevaremos al bebé a la Ciudad de los Goblins, y serás libre. Esas fueron sus palabras."

Toby parpadeó somnoliento, con solo un ligero balbuceo, medio atento a la historia, medio dormido. Sarah sonrió, aquello parecía fácil después de todo. Mantener a su audiencia bajo su hechizo. Lancelot estaba en sus manos.

"Pero la chica sabía," siguió. "que el rey de los goblins mantendría al bebé en su castillo para siempre jamás y lo convertiría en un goblin. Así que sufrió en silencio. Durante casi todo un largo mes, hasta que una noche, cansada, y tras un día de agotadoras tareas domésticas, dolida más allá de toda medida por las ásperas e ingratas palabras de su madrastra, no pudo soportarlo más. "

Sarah se había inclinado tan cerca de Toby que tenía que susurrar ahora. De pronto el niño se dio la vuelta y la miró a los ojos a solo un par de pulgadas de distancia. Y tras un momento de silencio, Toby abrió la boca y empezó a aullar de nuevo, esta vez con más fuerza y desde luego más insistencia. A su lado Sarah gimió disgustada. Un trueno resonó y Merlín volvió al ataque con sus ladridos. Ladridos que Sarah intentaba acallar en su cabeza. Si por ella hubiera sido, el pobre Merlín hubiera sido metido a la casa y no al garaje como su madrastra había querido. Pero claro, la muy afectada quería todo impecable, no entendía que ella se hubiera ocupado de aquellos desastres que Merlín hubiera podido provocar. Por otro lado, Merlín en sí, era un buen perro. Sabía comportarse. Sarah miró con molestia a Toby decidiendo que no había forma de evitarlo, solo entonces cogió al niño en brazos y se paseó con él por la habitación, meciéndole, junto con Lancelot. La luz de la mesilla lanzaba sus sombras contra la pared, enormes y oscilantes.

"Venga ya Toby. Duérmete. Vamos. Ya." Suplicó Sarah, deseando en el fondo no haberlo despertado ni siquiera por Jareth. El cual, no había hecho aún acto de presencia. "Duérmete niño, y todo ese rollo. Venga Toby, duérmete ya."

Pero Toby no cesaba en su llanto, insoportable y agudo, tanto que crispaba a Sarah.

"Toby," Comenzó Sarah. "Cállate, ¿Vale? O diré las palabras."

Levantó la mirada hacia las sombras de la pared y se dirigió a ellas teatralmente, sin saber lo que estaba por avecinarse.

"No... ¡No! No debo. No debo decirlas. Deseo..." Suspiró Sarah con placer, casi regocijándose en aquella idea. Permitiéndose por un momento imaginar cómo sería su vida sin Toby.

"Escuchen." Dijo de nuevo el hombre, en un susurro que pasó desapercibido para Sarah y Toby. Los demás, aguzaron sus oídos. Un segundo hombre habló:

"¡Va a decirlo!" susurró excitado. Aquel era el plan, por supuesto. Solo que Sarah no lo sabía.

"¿Decir qué?" Preguntó otro, quién no sabía de qué se trataba aquella noche y solo había sido invitado allí por practicidad para llevar a cabo aquellos maquiavélicos planes.

"¡Callen!" Dijo el primero, quien se esforzaba por oír a Sarah, y al mismo tiempo, se encontraba tenso, preguntándose si la chica estaría medio sorda por no poderlos oír, con todo aquel alboroto. Sin embargo, sonrió con los gritos del niño. Aquello lo hacía sentirse más seguro, era prácticamente imposible hacerse oír a través de aquellos llantos.

"Calla." Le dijeron los otros al que había preguntado.

"¡Cállense ustedes!" Protestó el hombre molesto. En medio del ruido el primer hombre pensó que se volvía loco intentando oír, de modo que callando a todos, puso una mano sobre la boca del estúpido e imprudente hombre que había comenzado la pelea con aquella pregunta estúpida, la cual en su opinión era una cosa que todos debían saber, después de todo, aquella sería su señal. O eso era lo que había dicho el jefe. Pero al parecer aquel tipo no se había molestado en leerse el informe. El segundo de ellos golpeó al que tenía más cerca. Un puñetazo en la nariz en un estúpido intento de callarlo, que solo sirvió para que el otro chillara, el primer hombre puso su otra mano sobre la boca del hombre y con un intercambio de miradas se aseguró de que nadie hablaría.

"Escuchen." Los amonestó. "Dirá las palabras. El jefe lo prometió."

El resto de ellos se las arregló para quedar en silencio. Escuchaban atentamente a Sarah. Quien estaba de pie, erguida y desesperada porque Toby había alcanzado tal crescendo, con la cara roja que apenas podía respirar. Su cuerpo estaba rígido entre los brazos de Sarah por el esfuerzo que hacía. Lancelot había caído al suelo. Sarah cerró los ojos otra vez y sacudió la cabeza.

"¡No lo soporto más!" Exclamó y sostuvo al niño sobre su cabeza como si lo ofrendara a algún dios mientras empezaba a entonar: "¡Rey goblin, rey de los goblins! Estés donde estés, ven y toma a este niño. ¡Apártalo de mí!"

El relámpago centelleó, iluminando la habitación, si Sarah hubiera prestado atención, en vez de estar cargando a Toby, hubiera podido percatarse de la presencia de aquellos intrusos que estaban en su ventana. Los demás dejaron caer los hombros, descorazonados. Estaban empapados hasta los huesos, y aquella chica seguía sin decir las palabras.

"No son las palabras correctas." Dijo el primer hombre desesperado y decepcionado ¿Se las sabría la chica? Según su jefe, lo hacía.

"¿Dónde habrá aprendido semejante basura?" Gruñó el segundo. "Ni siquiera empieza con deseo."

"Es ridícula." Apuntó el quinto hombre, queriendo unirse a la conversación. Había permanecido callado durante todo aquel rato. "¿Quién podría creer realmente en los goblins tanto como para recitar eso?"

"¡Sh!" Aprovechó el tercero, para dar órdenes a los otros.

Adentro, Sarah se sentía igual. O al menos parte de ella sentía eso, otra parte, la que predominaba justo en aquellos momentos, sentía tal desesperación que podía echarse a llorar con Toby, lo cual en su opinión la colocaba en el derecho de creer en quien quisiera, incluyendo el rey de los goblins, si aquello era necesario. Todo fuera por callar a Toby. Toby estaba gritando incluso más ruidosamente que antes, algo que Sarah no había creído posible. Lo acunó entre sus brazos, lo cual bajó el nivel de los gritos al nivel anterior. Fastidiada, Sarah le dijo:

"¡Toby, basta! Pequeño monstruo. Tú no eres responsabilidad mía. Yo quiero divertirme, ser libre. ¡Basta! Oh, deseo, deseo..."

Cualquier cosa hubiera sido preferible a aquel momento de ruido, furia, culpabilidad y cansancio en el que se encontraba. Jareth no iba a venir, al parecer se le había olvidado. Con un pequeño sollozo dijo: "Desearía saber las palabras correctas para que los goblins se te llevaran. ¡Dios! Desearía que realmente hubiera goblins que te llevaran."

Sarah gruñó. Jareth le había dicho una vez que todo lo que tenía que hacer era pronunciar aquellas palabras como venían en el libro para que se llevaran a su hermano, pero a ella le había parecido una estupidez, incluso si no se lo había dicho, porque conociendo a Jareth, aquello lo ofendería. En cualquier caso Sarah no había podido olvidar aquellas palabras después de la conversación que habían sostenido. Parpadeó intentando ignorar el desquiciante chillido de Toby para poder concentrarse.

"¿Cuál es el problema?" Preguntó ansioso el primer hombre, con su mirada fija en ella. "Deseo que los goblins vengan y se te lleven ahora mismo. No es tan difícil ¿verdad?"

Sarah tragó saliva y volteó hacia la ventana, haciendo que por un momento todo se quedara en silencio, los hombres estaban alerta otra vez, algunos mordiéndose los labios o apretando los puños a causa de la tensión. El primer hombre creía en el fondo que esta vez sí los había escuchado. En la habitación Sarah farfulló:

"Deseo... deseo..." Cerrando sus ojos por un momento se permitió pensar que aquello podría ser su única salvación. Luego sonrió ante sus pensamientos, está bien, estaba desesperada, pero no tanto.

"¿Lo ha dicho?" preguntó alegremente el hombre estúpido, quien minutos atrás había hecho pelear a todos. Como uno, el resto se volvió hacia él:

"Cállate." Le dijeron en voz baja, irritados. El llanto de Toby se había apagado, respiraba ahora profundamente, con un sollozo al final de cada respiración. Tenía los ojos cerrados. Sarah volvió a ponerlo en la cuna, no demasiado gentilmente y lo arropó, caminando de puntillas hasta la puerta, con la esperanza de estar lejos de él, por si se le volvía a ocurrir comenzar a llorar con tanta fuerza como antes. Estaba cogiendo la perilla cuando el niño emitió un extraño chillido y empezó a gritar de nuevo. Ronco ya, en consecuencia de su llanto anterior, y por tanto, más ruidoso. Sarah se quedó congelada, con el estómago en su garganta casi, impotente gimió:

"¡Ah! ¡Desearía que los goblins vinieran y se te llevaran...!" Se detuvo. Los hombres afuera estaban impacientes. Inmóviles. Podrías haber oído parpadear un caracol. "Ahora mismo."

Finalizó Sarah, y cerró la puerta a sus espaldas. El grupo de hombres produjo un gruñido de placer:

"¡Lo ha dicho!" En un instante dos de ellos comenzaron a entrar a la casa por la ventana, aprovechando que uno de ellos había roto un vidrio antes, mientras otros tres bajaban, uno dirigiéndose hacia la minivan para encenderla, y otros dos, vigilando los alrededores. Todos dejando solo al hombre estúpido. Quien se quedó allí plantado con una sonrisa bobalicona en el rostro hasta que notó que el resto le había dejado atrás.

"¡Eh!" Dijo. "¡Espérenme!"

Intentó bajar y finalmente cayendo sobre su trasero, corrió y se subió también a la minivan, no sin antes marcar un número telefónico desechable. Un relámpago cruzó e iluminó el jardín. El trueno resonó. Toby soltó un chillido y Merlín ladró intentando ahuyentar a los ladrones.




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Notas de autor: Como lo he prometido, aquí el capitulo uno de Mental Maze. Disfruten porque el próximo viernes subiré el capitulo 2 ^^
 No olviden que pueden ayudarme en Wattpad y Twitter votando por mí bajo el hashtag #Wattys2016 al poner el titulo de esta historia junto con el hashtag #MentalMaze
Pero claro, eso solo si les ha gustado lo suficiente esta historia. En cualquier caso, gracias por leerme, los quiero.
Faith.

martes, 21 de junio de 2016

Mental Maze para los Wattys2016!




Las cosas del destino... digamos que hasta hace unos días tenía todo completamente organizado y ordenado en el modo en que me gusta. Sí, pero hace unas horas me enteré de que ya están aquí los #Wattys2016 y decidí apuntarme pero solo en su versión en español, ya que la historia ya la tenía prevista para esa versión mientras que la versión en inglés apenas la estaba empezando.


Vale, dirán que los puse alerta con el concurso anterior y siempre fue un chasco porque no hice nada. En mi defensa alegaré que me costó trabajo ponerme con ello, pero no ocurre lo mismo con los #Wattys por la simple razón de que esta vez ya tenía una historia preparada. No, no es la historia de la que les iba a traer el adelanto. Y no, no se me ha olvidado el adelanto, solo no he podido terminar de prepararlo, así que estén atentos porque uno de estos días, cualesquiera, agarro y lo subo.


Pasa que cuando eres una sola persona intentando escribir te das cuenta que necesitas ser como mínimo cinco personas más aparte de ti para poder rendir lo necesario y que todo salga bien, cosa que no soy y tampoco puedo dividirme. O escribo o me entero de las cosas, o les pongo al tanto. Si ando atrasada es por eso, me disculpo.


Para no hacer las cosas innecesariamente largas les traigo aquí un regalito de adelanto en mis próximos planes. He aquí la portada de la historia que presentaré a los Wattys y el resumen, así podrán ver si les interesa o no con algo de anticipación, y de ser así, voten por mí por favor.









Resumen.





"Es mas como un juego de inteligencia entre Sarah y Jareth." David Bowie


Lo que Sarah recuerda. Lo que dijeron...

Lo que discutieron, lo que planearon.

Las cosas que prometieron, y las que confesaron que deseaban...

Aquellas cosas que nunca debieron salir de su mente, ni de su boca. Que de hacerse realidad hubieran convertido su vida en un maravilloso sueño. O una pesadilla.

Todas ellas, están a punto...

De volverse realidad.



Estén atentos porque subiré el primer capitulo este ‪#‎viernes‬ en Wattpad junto con el siguiente capitulo de ‪#‎MrRight‬ por supuesto. Y sí, esta historia es de algún modo un ‪#‎tributo‬ a esta película y por supuesto a David (RIP).


A propósito de esto, seré buena y subiré los capítulos de Mental Maze también aquí en el blog, que ya lo tengo demasiado abandonado y supongo que esta es una buena forma de animarlo un poco.




Con amor, Faith.

Bunny Kisses

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Sean amables, comenten. Y si quieren regresar al cielo acaricien al conejito.